jueves, 15 de septiembre de 2011

Camino de Santiago I

Por fin este año hemos comenzado un reto que Eva y su hermana tenían pendiente y con muchas ganas: el Camino de Santiago. No lo vamos a hacer de una tacada, sino haciendo etapas cuando vayamos reuniendo días y sin marcarnos un límite para acabar. Ni queremos gastar todo un mes de vacaciones en ello, ni probablemente tengamos físico para acometer los setecientos y pico kilómetros sin descansar.
Así que en Agosto, con el fresco, comenzamos esta forma nueva de pasar las vacaciones. Decidimos partir desde Roncesvalles, dejando la dura etapa de San Juan Pie de Puerto hasta aquí para hacerla un día ex profeso. Son 25 kilómetros y unos 1.400 metros de desnivel, demasiado duro para luego seguir andando si no se cuenta con algo de preparación.
Hicimos el viaje en bus Logroño - Pamplona - Roncesvalles, con una hora de parada en la capital navarra. Al llegar a nuestro punto de inicio, con ambiente más frío que el que dejábamos atrás, tuvimos que apretar el paso para intentar coger sitio en el nuevo albergue de peregrinos, que fue el mejor que pisaríamos en todas las etapas.

La niebla se agarraba con fuerza a los montes fronterizos y aparecía densa, dificultando la vista a más de unos pocos metros de nuestras narices. Sin embargo, no se notaba un frío excesivo y el que se sentía venía un poco condicionado por la humedad reinante.

Pero eso no nos frenó en nuestro intento de conocer algo del pueblo en el que habíamos parado. Que más que un pueblo es una pequeña agrupación de casas, en la que casi la totalidad de las edificaciones está relacionada con el Camino de Santiago: albergues, restaurantes, oficinas de turismo, el antiguo hospital...

En menos de 20 minutos habíamos visto todo lo que había por ver y estábamos ya volviendo a pasar por los mismos lugares. Convinimos, pues, sentarnos a tomar unas cervezas mientras hacíamos tiempo para la cena, que se servía después de la misa y para la que ya habíamos reservado mesa.


Estatua de Roldan
La cena consistió en pasta y pescado, sin más alternativas, excepción hecha del segundo plato de Pachi, que consiguió cambiar por unos filetes de lomo. Nos sentamos a una mesa de 12 comensales, que compartimos con un vizcaíno, 4 chicos y chicas alemanes, otra pareja también alemana y un asiático (chino o japonés, no lo supimos). Sin ser para tirar cohetes, no podemos decir que cenásemos mal, aunque el vino era para valientes.
Para poco más íbamos a tener tiempo. A las 22:00 se apagan las luces, algo que es la tónica del Camino de Santiago y se repite en todos los albergues. El primer día cuesta dormirse tan pronto, pero los siguientes se agradece el que todo el mundo tenga la "obligación" de meterse pronto al catre y no haya nadie molestando nuestro intento de recuperar fuerzas de una jornada a otra.

Al día siguiente nos levantamos a las 6:00, con el encendido absoluto de la luces de la habitación y tras una noche de muy poco descansar. Recoger todo y ponernos en orden de marcha nos llevó más tiempo del que hubiésemos deseado y nos lo apuntamos como un claro punto a mejorar para el futuro. Eran ya las 7:00 cuando salíamos a caminar y eso habiendo desayunado un plátano rápido y mal.

Pronto nos hicimos la primera de una serie de fotografías típicas del Camino, junto al cartel de carreteras que señala la distancia que nos separa de Santiago.

Son apenas 3 kilómetros los que separan Roncesvalles del primer pueblo que atravesar, Burguete. Se hace cómodo por el terreno que es, senderos de tierra, y por lo temprano del momento, que sin cansancio anterior y con el sueño aún sin abandonar, permite avanzar sin casi darse cuenta. Andamos esos tres cuartos de hora acompañados en todo momento por otros peregrinos poco madrugadores como nosotros y llegamos al pueblo rápidamente y con la ilusión de haber comenzado.

Lo atravesamos sin perder mucho tiempo y continuamos la marcha, atravesando los campos por pistas de tierra, compartiendo pasos con algunas caras que en los días siguientes veríamos a menudo.

El día va avanzando y las luces comienzan a inundar todo el paisaje, relegando a las pocas gotas que se atreven a caer del cielo.

Tras una breve pero pronunciada rampa en descenso en la que empiezo a notar las primeras molestias en la rodilla derecha, llegamos a Espinal, pequeño pero de bella estampa. Lo atravesamos cuan largo es, siguiendo en todo momento las marcas amarillas que indican el camino a tomar y pasando por delante de la iglesia parroquial de San Bartolomé.

Cruzamos rápido sin detenernos a ver lo que ofrece el pueblo y salimos girando hacia la izquierda al final del mismo. Enseguida empezamos a subir hacia el alto de Mezquiriz, con una larga y más o menos cómoda pendiente. Desde las cotas más altas que alcanzamos podemos ver como evoluciona la climatología, que sigue amenazando con mojarnos.

A mitad de la bajada siguiente, con casi 12 kilómetros relativamente fáciles en las piernas, decidimos hacer el primer descanso para comer y beber y poder estirar un poco los músculos de piernas y espalda. Lo hacemos en Viscarret, decisión compartida con gran parte del resto de peregrinos, con los que nos juntamos en un bar del pueblo a comer unos bocadillos para no gastar de la comida que tenemos para afrontar la etapa.
Paramos poco más de 15 minutos que agradecemos sumamente y nos entretenemos jugando y dando de comer a los numerosos gatos que moran en el municipio.

La puesta en marcha de nuevo cuesta, apetece quedarse sentado en la terraza y empezar a pedir cervezas una detrás de otra. Pero no hemos venido a eso sino a caminar. El camino enseguida se convierte en pista de tierra otra vez y se agradece. Más cómodo para los pies, yo lo quiero más que mis compañeros. Ya empiezo a cojear intencionadamente para evitar las continuas molestias en la rodilla derecha, más acusadas siempre en las bajadas.

Un fugaz paso por el pueblo de Lintzoain, donde nos aprovisionamos de agua ante el plácido ver pasar el tiempo de los autóctonos

... y seguimos hacia el punto fuerte de la etapa, el alto de Erro, que afrontamos en un momento en el que el sol ya empieza a castigar nuestros cuerpos. La temperatura es alta e intentamos aprovechar los tramos más sombríos al pasar por zonas de arboleda. Importante en este punto proteger la cabeza de los rayos del sol.

La subida es potente hasta los ochocientos y pico metros que se aleja el alto de Erro del mar, pero lo peor es bajarlo. Más empinado y mucho más largo, este tramo es el primero en el que empiezo a sentir dolor. Mi cojera es más que evidente y cargo el peso sin compasión en la rodilla izquierda cuando bajamos.

Iniciando la bajada del alto de Erro. 
Al final del fuerte descenso encontramos uno de los finales de etapa típicos, Zubiri, donde nuevamente muchos de los peregrinos han parado a descansar o, directamente, a terminar la jornada. Nosotros compramos algo de comida y continuamos casi sin detenernos hacia nuestro destino, 7 kilómetros más adelante. La idea es ganar esa distancia para acortar la etapa de mañana, anticipándonos a las consecuencias de las agujetas que podamos tener.
Antes de irnos nos hacemos una foto en el puente de la Rabia, donde las antiguas creencias decían que los animales sanaban de la mentada enfermedad dando una vuelta alrededor de su pilar.

Poco después comprobamos que ha sido un error salir tan precipitadamente de allí y que hubiera sido más inteligente reponer fuerzas y soltar los músculos antes de afrontar la última parte del recorrido. Vamos cansados, hace bastante calor y es el primer día de pateo... la cabeza empieza a decir que no. Y no acompaña el hecho de que nada más dejar Zubiri, toca subir de nuevo.

Vamos a atravesar además una zona de pequeños pero continuos repechos en los que no encontraremos mucho cobijo del calor que nos asedia. Es para todos un alivio (para mi doblemente porque empiezo a temer por mi vida a tenor de las miradas con las que me obsequian mis compis) el encontrar un pequeño portal en el que sentarnos a la sombra y beber agua fresca, muchas agua fresca, en el pueblo de Ilarratz. Poco queda para terminar, pero la parada es necesaria... indispensable podríamos decir. Bueno, no para todos.

Allí conversamos con unos chicos que están dando una vuelta en BTT y en el que también podemos encontrar al tarado del grupo que siempre quiere un poco más mientras los demás le desean todo tipo de horrores.
Una vez recuperados mínimamente, emprendemos la marcha, siempre en pendiente descendente hacia nuestro objetivo, Larrasoaña, de larga tradición hospitalaria. Los pasos se suceden lentamente, uno tras otro, intentando desviar la mente a lugares más agradecidos mientras caminamos con el piloto automático encendido. Pero al fin se cumple lo esperado y alcanzamos nuestra meta con gran alegría e ilusión.
No es más que la primera etapa, pero es la prueba de que estamos aquí y que vamos a intentarlo con todas nuestras fuerzas.

El albergue no es como lo habríamos deseado. A nosotros nos tocó la ampliación ya que cuando llegamos ya se había llenado el primero. Literas viejas con colchones llenos de bollos y con aspecto general bastante destartalado. Nos duchamos y embadurnamos en cremas, comimos algo de arroz cocinado en la cacerola que portábamos y estuvimos dando una vuelta por el pueblo, agradeciendo (vuelvo a hacerlos desde aquí) la presencia de nuestros amigos Felipe, Jorge y Soraya que se desplazaron hasta allí desde Logroño para estar un rato con nosotros. Esa noche nuevamente a las 22:00 a la cama, pero esta vez con más ganas y mejores resultado que la anterior.


Te puede interesar:
Información sobre el Camino de Santiago = 
link web de Consumer.
 
RONCESVALLES  
¿Dónde comer? = El restaurante de La Posada, en el que empezar a integrarse con los caminantes. Menu fijo por 9€.
¿Dónde dormir? = El albergue de peregrinos de la Colegiata, es nuevo y muy cuidado. El precio, 10€.
 
LARRASOAÑA 
¿Dónde comer? = No comimos pero si tomamos unas cañas en un bar de la calle de las Traseras. Menú del peregrino por unos 10€.  
¿Dónde dormir? = Elegimos el albergue municipal, el único que hay, y no quedamos impresionados. La noche por 6€.

DATOS DE LA ETAPA
Distancia = 27,5 km.
Desnivel positivo = 300 m.
Altura mínima / máxima = 490 / 960 m.

Porcentaje asfalto / tierra = 10 / 90.

6 comentarios:

  1. Cuidate esa rodilla,"piano,piano ,si va lontano...e sano".Un saludo.

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  2. Te haré caso, aunque ya tocó sufrir en las siguientes etapas.
    Saludo.

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  3. Hola, os hemos añadido como enlace en Bicisenderistas Novatas y os hemos votado como mejor blog deportivo en Bitácoras... ¡nos gusta vuestro blog! Un saludo

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  4. Hola chicas.
    ¡Muchas gracias por la visita ... y por el voto jejeje!
    Un saludo

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  5. Hola Jony:

    Muy chulo el recorrido y las fotos. Que envidía, ahora que estamos en dique seco, dan unas ganas tremendas de escaparte. Pero todo a su debido tiempo...

    Saludetes

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  6. Jony necesitamos contactar contigo, pero no encontramos nada en tu blog para poder hacerlo. Nos puedes enviar un email, a onroadmagazine@gmail.com

    Gracias.

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